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El Manual de urbanidad para jovencitas de Pierre Loüys

Hoy no tengo ganas de escribir.

Si una de las invitadas le gusta, puede sonreírle a hurtadillas; pero no vibre la lengua mientras refuerza el brillo de sus ojos. Sería expresar con demasiada evidencia una proposición que es preferible sobrentender.

Si alguien le hace admirar una rosa, no le diga: “Me recuerda el coño de la señora X...” Pues sería un cumplido de ésos que más vale guardarlos para los momentos de intimidad.

Si una señora modesta le dice: “Mi hijo trabaja peor que su hermano”, no le responda: “Sí, pero su polla es más grande” Los elogios de este tipo no agradan a una madre cristiana.

Cuando pierda su virginidad, no recurra a San Antonio de Padua para recuperarla. San Antonio de la Tebaida meditó mucho sobre cuestiones sexuales; pero su homónimo no se complacía con estos asuntos.

"Que hablen ahora o callen para siempre”, dice el sacerdote. Pero sólo es una fórmula. No se levante para revelar confidencias.

Por ser el viernes el día dedicado a Venus no tiene ninguna mala influencia sobre las citas amorosas. Al contrario.

El Manual de urbanidad para jovencitas de Pierre Loüys

*Cuando su hermana salga para el baile, no escriba en la espalda de su vestido blanco: “Encúleme, por favor” Absténgase de toda inscripción de este tipo.
*Durante el noviazgo, no le diga a su futuro cuñado que su hermana chupa muy bien las pollas. Aunque vaya a disfrutar esa habilidad íntima, saberlo así no le va a hacer gracia.
*Si le preguntan qué hace su hermana en su habitación, no diga que se la menea; incluso si está segura de lo que dice.
*No le cuente a nadie que su hermana se mete la almohada entre los muslos, se frota contra ella y la llama Gastón.
*Todas las noches, antes de masturbarse, rece sus oraciones arrodillada.
*Agradézcale a dios la creación de las zanahorias para las niñas, los plátanos para las jovencitas, las berenjenas para las jóvenes madres y las remolachas para las señoras maduras.
*Si quiere un amante, pídaselo y se lo dará. Si es una tortillera lo que necesita, dígaselo sin vergüenza. Dios lee en su corazón. No podría engañarlo.
*Algunas jovencitas muy vigiladas se compran un pequeño santo de marfil pulido y lo usan como consolador. Es una costumbre condenada por la Iglesia.
*En cambio, puede servirse a tal efecto de un cirio, siempre que no esté bendecido.

El Manual de urbanidad para jovencitas de Pierre Loüys

* Levantarse la falda, sentarse sobre un bolo puesto en pie, meterlo por donde se imagina y correr sosteniéndolo con la sola fuerza del “cascanueces”, es un ejercicio muy indecente que una señorita bien educada no debe imitar, ni siquiera cuando lo haya visto hacer con éxito de crítica.
* Si juega “al burdel” con varias chicas, no se pinte con carbón el vientre y los muslos para hacer de negra.
* Si practica la equitación junto a un hermoso caballero y la montura le provoca de golpe una emoción desbordante, puede suspirar: «Ah!... ah!...», siempre que añada a continuación: “Lo hago por usted, señor.”
* Cuando juegue a la gallinita ciega, no rebusque bajo las faldas de su cautiva alegando que así la reconocerá en seguida. Esto la comprometería mucho.
* No dibuje en la pizarra el coño de la maestra, sobre todo si ella se lo ha enseñado confidencialmente.

El Manual de urbanidad para jovencitas de Pierre Loüys

En cualquier circunstancia, dar la espalda a un anciano es una descortesía. Sin embargo, una jovencita desnuda que enseña sus nalgas a un viejo vagabundo puede estar segura de no ser reprendida.

No abuse de los títulos honoríficos cuando hable con su protector. “Excelencia, Monseñor, señor Vicepresidente del Senado” son expresiones que más vale dejar de lado. Por el contrario, no tema llamarlo “¡Cerdo!, ¡Cochinito!, ¡Grandísimo bribonzuelo!” Estos insultos dichos con una sonrisa serán siempre bien recibidos.

Encerrada con un anciano, no se desnude deprisa. Déjele buscar bajo su falda y deslizar sus venerables dedos hasta la parte de su cuerpo que le interese más.

Si los reveses de la fortuna obligan a sus padres a prostituirla antes de la edad legal, muéstrese digna de la confianza que han puesto en usted y pruébeles que no se equivocaron al jactarse de sus jóvenes talentos.

Si su anciano amante muriera, abotone su pantalón otra vez antes de llamar a la criada y nunca diga en qué circunstancias entregó su alma a Dios.

El Manual de urbanidad para jovencitas de Pierre Loüys

  • Si le sorprenden completamente desnuda, ponga púdicamente una mano sobre su rostro y la otra sobre su coño; pero nunca haga burlas con la primera ni se lo menee con la segunda.
  • No orine en la maceta. Vaya al cuarto de baño.
  • No cuelgue consoladores en la pila de agua bendita de su cama. Esas cosas se guardan bajo la almohada.
  • No se asome al balcón para escupir a los transeúntes; sobre todo si tiene semen en la boca.
  • No orine en el escalón más alto de la escalera para hacer una cascada.
  • Si se le preguntan qué bebe usted en las comidas, no responda: “Sólo leche.”
  • Si se la menea a su vecino bajo su servilleta, hágalo tan discretamente que nadie se dé cuenta.
  • Nunca pida permiso a una señora para irse a "holgar" con su hija. Diga “jugar”, que es más decente.

El Manual de urbanidad para jovencitas de Pierre Loüys

Dar limosna a un pobre porque no tiene pan, perfecto; pero chupársela porque no tiene amante, es excesivo. De ninguna manera se puede considerar obligatorio.

Si le falta algo de dinero para pagar sus compras, no proponga al vendedor chupársela a cambio de la diferencia; sobre todo si su mujer los escucha.

En el MAR, no pida a los presentes permiso para hacer pipí. Hágalo sin autorización.

Puede mirar por el ojo de la cerradura para saber por qué su mamá se encierra todo el día con un joven que no conoce, pero nunca grite: "¡Ánimo, mami! ¡Ya viene, ya viene!" En lugar de excitarla, le procuraría una lamentable turbación en sus tareas.

No llame jamás a su madre: ¡Vieja vaca! ¡Puta de urinario! ¡Tortillera de putas! ¡Loca por la leche! ¡Viruela ambulante! Etc... Son expresiones que conviene dejar al vulgo.

El Manual de urbanidad para jovencitas, Pierre Loüys

Una niña bien educada no orina en el piano.
Decirle a una señorita que tiene unos hermosos cabellos rubios, es una gentileza; es una indiscreción preguntarle en voz alta si los del pubis son del mismo color.
“Quienes conozcan algún impedimento para que este matrimonio sea celebrado, que hablen ahora o callen para siempre”, dice el sacerdote. Pero sólo es una fórmula. No se levante para revelar confidencias.

Durante la catequesis, si el joven sacerdote le pregunta qué es la lujuria, no le conteste entre risas: “Lo sabemos mejor que usted.”

Durante la homilía, si el predicador parece creer en la “pureza de las jóvenes cristianas”, no se parta de risa

No entre en los urinarios para ver mear a los caballeros.

El Manual de urbanidad para jovencitas de Pierre Loüys

Cuando use un plátano para divertirse sola o para hacer gozar a la criada, no lo vuelva a poner en el frutero sin haberlo limpiado cuidadosamente.

Si vacía a escondidas la mitad de una botella de champán, no orine dentro para rellenarla.

No meta y saque de su boca un espárrago mientras mira lánguidamente al joven que quiere seducir.

Cuando le sirvan plátanos, no se guarde el más gordo en el bolsillo. Esto haría sonreír a los señores y, posiblemente, hasta a las jovencitas.

Si la suma que le manden da 69, no se eche a reír como una pequeña imbécil.
El Manual de urbanidad para jovencitas de Pierre Loüys
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