Hubo una vez en Villa Insuperable (partido de La Matanza), una muchinga que era muy pequeña y delicada, pero que a pesar de todo andaba siempre descalza porque era muy pobre, ya que ni siquiera cobraba la Asignación Universal.
Un buen día, como era de esperar, su madre murió, víctima del paco y de innumerables venéreas contraidas en noches de sexo y descontrol.
El día del entierro en el cementerio de La Tablada, acertó a pasar por el camino del cortejo un Ford Fairlane 1981, en cuyo interior iba sentada una anciana señora. Al ver a la niñita, la señora (quinielera de profesión) sintió mucha pena por ella, y dijo al sacerdote que oficiaba las exequias:
-Deme usted a esa niña para que me la lleve y la cuide con todo cariño.
El sacerdote, un viejo bufarrón, dudó, ya que tramaba quedarse con Karen Cinthia Jaqueline Daiana (así se llamaba la niña) para someterla a sus bajos instintos. Finalmente, temiendo una nueva denuncia en su contra, la entregó a la señora.
La buena sanmaritana, aunque un poquitín alcohólica, le compró a Karen algunas ropitas con la cual tapar sus partes turgentes y un hermoso par de zapatos rojos de Ricky Sarkany. ¡Que contenta se puso Karen Cinthia Jaqueline Daiana! Estaba tan tan tan contenta, que pensaba en sus zapatos en todo momento. Incluso dentro de la iglesia, tanto así que olvidó el rezo del Padrenuestro.
A la salida del templo, un pequeño monaguillo, un putito culorroto, un celoso de lo peor, le gritó:
-¡Lindos zapatos de baile! Sin poder impedirlo, Karen dio unos saltos de danza, y una vez empezado el movimiento siguió bailando involuntariamente, llevada por sus pies. Era como si los zapatos tuvieran algún poder por sí solos. Siguió bailando alrededor de la iglesia, sin lograr contenerse. Por último, Karen se quitó los zapatos, lo cual permitió un poco de alivio a sus miembros.
Al llegar a la casa, la señora guardó los zapatos en un armario, pero no sin que Karen Cinthia Jaqueline Daiana pudiera privarse de ir a contemplarlos.
Por aquellos días la anciana cayó enferma de gravedad. Era necesario atenderla y cuidarla mucho, y no había nadie más próxima que Karen Cinthia Jaqueline Daiana para hacerlo. Pero en Rafael Castillo se inauguraba una nueva bailanta. Miró a su protectora, y se dijo que después de todo la pobre ya estaba frita. Así que miró luego sus zapatos rojos y se los calzó y se fue para "
Movida Tropical", como se llamaba el boliche. Empezó a danzar un reggeaton. Pero los zapatos la llevaron hacia la puerta, y luego escaleras abajo, y por las calles, y más allá del barrio. Siguió bailando y alejándose cada vez más sin poder contenerse, hasta llegar a la avenida Brig. Gral. Don Juan Manuel de Rosas (ex Provincias Unidas).
Quiso quitarse los zapatos y tirarlos lejos, pero era imposible: los tenía como adheridos a los pies. De día y de noche, siguió bailando, por San Justo y por Isidro Casanova, por González Catán y por Villa Luzuriaga; trató de sentarse pero no había descanso posible para ella.
Hasta que llegó a una carpintería y le pidió al carpintero:
-¡Córtame los pies, con los zapatos rojos! Le explicó todo lo ocurrido, y el carpintero le cortó los pies con los zapatos, pero éstos siguieron bailando con los piececitos dentro, y se alejaron hasta perderse en las profundidades de Ciudad Evita (morada del Efebo Impoluto).
Durante un tiempo el carpintero la retuvo y se amancebó con ella. Finalmente le hizo un par de pies de madera y dos muletas con unos escobillones viejos y la dejó ir.
Y ahora Karen Cinthia Jaqueline Daiana (así se llamaba la niña) se gana la vida mendigando en Laferrere.
"Los Zapatos Rojos" Hans Christian Andersen era un enfermo.