Por motivos vacacionales, pude contemplar algunos episodios de dos
novelongas argentas: "Malparida" y "Herederos de una venganza". Les
juro que fue contra mi voluntad, pero sin embargo, formaron parte de
una serie de situaciones altamente educativas que se dieron durante mis
vacaciones.No soy un experto, pero diría que son las telenovelas típicas por tres aspectos:
1. historias inverosímiles
2. malas actuaciones
3. motivos varios
Empecemos por el primer punto. Tenemos una historia central y algunas historias paralelas que casi no tienen conexión con las historia central, es más, podrían ser parte de otra novela, son intercambiables. Quién es malo/a, quién es buena/o, queda establecido antes de la primera pausa publicitaria.
Una chica (la malparida) que decide vengarse de un hombre que supuestamente perjudicó a su madre, para ello mata a varios integrantes de su familia, se casa con él y se garcha a su hijastro. Básicamente, traición, sexo y muerte. Ve a su abuela muerta (también asesina), recurre a favores sexuales para cumplir sus objetivos, y las típicas historias secundarias o de relleno: el romance entre el amigo del protagonista masculino y una compañera, la seudo hermana que le aparece a la protagonista femenina, los entuertos de oficina, la ludópata, el amorío intergeneracional (señora vs jovencito, caballero vs mushashita), hijos naturales, tráfico de influencias, policías corruptos, etc.
En la otra novelonga, el eje pasa por una logia secreta que maneja los hilos de los habitantes de un pueblo vitivinícola, profecías, maldiciones, traiciones, crímenes rituales, muchachito-que-busca-la-verdad, muchachita-perseguida-por-su-pasado, bebés-que-debieron-morir-que-vuelven-inexorablemente (como en La Cenicienta o una tragedia griega), amor entre distintos estratos, un poco de crítica social (aprovechando alguna noticia de actualidad), etc.
Oc-viamente, como diría Gabu, las historias se desarrollan en ambientes
de alto poder adquisitivo, nadie parece necesitar cumplir horarios,
mucha servidumbre, mucha pilcha, todos viven más o menos juntos (cuanto
más se odian, más juntos), entran y salen (Te perdonamos Darío Vitori).
Todo tan predecible, que lo podría haber escrito la Tía Chola en pedo con Zumuva.
Todo tan predecible, que lo podría haber escrito la Tía Chola en pedo con Zumuva.










